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sábado, 3 de febrero de 2018

Situación de la Energía Solar en Bolivia

Bolivia es uno de los países que mayor radiación solar recibe en el mundo. Dos terceras partes de Bolivia cuentan con uno de los mayores niveles de intensidad solar del planeta. La mayor radiación solar diaria media anual se presenta en el altiplano, seguido por los valles y, con menor potencial, en el trópico.

Si tomamos el promedio anual de radiación solar de Bolivia (IGH) de los años 1999 al 2013, veremos que en el altiplano sur del país alcanzamos 2.700 Kwh/m2-año (Kilowatts hora por metro cuadro al año) y en el oriente del país 1.800 Kwh/m2-año.

La radiación solar que recibe Bolivia es dos a tres veces más alta que la de Alemania, que es uno de los países que más energía solar produce en el mundo y que tiene una radiación global horizontal de 1.000 a 1200 Kwh/m2-año.

Sin embargo, Bolivia, con una superficie tres veces más grande que la de Alemania (1.098.581 km² vs. 357.168 km²), tiene hasta noviembre del 2016 una capacidad instalada de sólo 5 MW de energía solar fotovoltaica frente a más de 40.000 MW que el país germano tiene en la actualidad. En otras palabras, Alemania, con una radiación solar de menos de la mitad y una superficie de casi un tercio de Bolivia, tiene 8.000 veces más energía solar fotovoltaica instalada en su territorio.

Bolivia aún no ha aprovechado el altísimo potencial para generación de energía solar que tiene a nivel de Latinoamérica y el mundo.

En el contexto latinoamericano, según la Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA por sus siglas en ingles), al año 2014 Chile lidera la región con 848 MW de energía fotovoltaica instalados, seguido de Honduras con 455 MW, México 234 MW y Perú 96 MW. Esta carrera por la energía solar fotovoltaica se acelera en el último año y medio y para julio del 2016 Chile ya tiene en operación 1.267 MW y otros 1.676 MW estarían en construcción.

Pequeños sistemas fotovoltaicos
A lo largo de las últimas dos décadas, se han ejecutado en Bolivia pequeños proyectos de aprovechamiento de radiación solar a nivel termo solar y fotovoltaico. Los proyectos termo solares que concentran la energía del sol para obtener calor se han dado sobre todo a través de cocinas solares, calefones solares y secadores de madera. Por ejemplo, la Asociación Inti Illimani ha instalado cerca de 6.500 cocinas solares en los departamentos de La Paz, Oruro y Cochabamba. Estas cocinas solares se utilizan para la cocción lenta de alimentos, el secado de productos agrícolas, y para contribuir a la reducción del consumo de combustibles como el gas en garrafas y la leña. De esta manera, se contribuye a la lucha contra la deforestación, ya que una cocina solar salva alrededor de cien árboles en 15 años.

A nivel fotovoltaico, se han instalado pequeños sistemas para iluminación, telecomunicaciones, bombeo y purificación de agua, sobre todo en el área rural. La mayoría de estos pequeños sistemas fotovoltaicos son de 50 a 100 watts y almacenan la electricidad en baterías para su uso en la noche. Un ejemplo es ECOENERGÍA FALK S.R.L., que desde el año 1992 ha instalado 865 de estos sistemas en diferentes regiones del país.

En los últimos años, mediante el Programa electricidad para vivir con dignidad dependiente del Ministerio de Energías, se han desarrollado proyectos sobre todo para las áreas rurales alejadas de las redes de distribución de electricidad para promover la instalación de pequeños sistemas fotovoltaicos y termo solares, distribuir pico lámparas e implementar sistemas híbridos.

Algunos ejemplos de estas iniciativas son:

  • El Programa de Fuentes de Energía Moderna, que cuenta con un financiamiento de 1,2 millones de dólares de Dinamarca y que espera beneficiar a cinco mil familias hasta fines del 2016 en el departamento de Pando.
  • El Programa de Electrificación Rural-PER BID (BO-L1050), que tiene un componente de de proyectos piloto con energía renovable por un monto total de 5 millones de dólares. Este programa que debía concluir el 2016 incluía pico sistemas fotovoltaicos para beneficiar a 1.800 familias de Pando y un sistema híbrido a energía solar y diesel para atender a 124 familias en “El Espino”, Santa Cruz. “El Espino” tendrá una potencia de 60 kW y contará con 240 paneles solares de 250 watts cada uno. El costo de este sistema híbrido llegará a los 700.000 USD y está diseñado para reducir de 24 a 3 horas diarias el consumo y uso de un generador a diésel.
  • El Programa de Electrificación rural con energía renovable (PERER-BID (GRT/ NV-14258-BO)) que busca beneficiar hasta el 2018 cinco mil familias en Beni, La Paz, Potosí, Oruro y Santa Cruz por medio de sistemas fotovoltaicos y termo solares en escuelas y postas de salud, provisión de pico sistemas fotovoltaicos y la implementación de sistemas híbridos, con un financiamiento total de 5,2 millones de dólares.
  • El Programa Infraestructura Descentralizada para la Transformación Rural (IDTR II), financiado con recursos provenientes del Banco Mundial (BM), que busca llegar hasta 12.609 hogares con sistemas fotovoltaicos domiciliarios y a 138 unidades educativas con Sistemas Fotovoltaicos Sociales (SFVS) en los departamentos de Potosí y Chuquisaca hasta el año 2021. El costo total de la inversión, que incluye además la extensión de redes eléctricas y su densificación en 18 municipios de estos departamentos, asciende a 50 millones de dólares.
  • El Programa de implementación de sistemas fotovoltaicos y termo solares en 21 centros de salud del área rural de Pando.

Así mismo la Secretaría Municipal de Medio Ambiente del Municipio de La Paz, con el apoyo del municipio de Bonn de Alemania, busca desarrollar dos experiencias piloto: una para la autogeneración de electricidad para las oficinas de dicha secretaría y otra para la provisión de energía fotovoltaica a dos establecimientos escolares. Para los estudios, la adquisición de equipos y la instalación de los mismos, la Municipalidad de La Paz cuenta con un financiamiento de 106.000 euros.

Las universidades de la ciudad de La Paz también han desarrollado iniciativas orientadas a la experimentación y la capacitación. Este es el caso de la Universidad Mayor de San Andrés, que tiene instalados dos proyectos de electricidad fotovoltaica, uno fijo y otro de seguimiento al sol, que alimentan con la ayuda de baterías de plomo un sistema de 14 focos y una oficina.

Primeros sistemas aislados de 5 MW
El proyecto en operación de mayor capacidad en Bolivia se encuentra en Cobija, Pando. Se trata de un sistema de generación eléctrica híbrido basado en energía fotovoltaica y diésel. Este es un sistema aislado que no está integrado a la red interconectada de electricidad del país y que usa energía eléctrica generada por la combustión de diésel cuando la oferta de energía solar fotovoltaica no es suficiente para abastecer la demanda de Cobija.

El componente fotovoltaico de este sistema está compuesto por 17.334 paneles solares policristalinos de 300 vatios cada uno. En total, la potencia instalada es de 5,1 MW y ha tenido una inversión total de 11,3 millones de dólares, de los cuales 4,98 millones de dólares han sido provistos por ENDE y 6 millones de dólares por la cooperación Danesa.

Así mismo está en curso otro proyecto solar híbrido aislado de 5 MW para Riberalta y Guayanamerín que tiene un costo de 12 millones de dólares y entraría en operación el 2017.

Primeras experiencias de conexión a la red
La primera experiencia piloto de un pequeño proyecto fotovoltaico que inyectará electricidad al Sistema de Interconexión Nacional se está construyendo en el campus de Cota Cota de la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz con el apoyo de la Cooperación Japonesa. Este pequeño sistema consta de 250 paneles de 200 vatios cada uno. La potencia total instalada será de 50kW y se tratará de un proyecto pionero en conectarse a la red.

Un proyecto similar, también financiado por JICA, pero de 150kW de potencia, está siendo construido simultáneamente en Santa Cruz para abastecer sobre todo al aeropuerto de esa ciudad.

En una primera fase, la electricidad del sistema fotovoltaico de 50 kW que está ubicado en el campo universitario de Cota Cota será entregada sin costo alguno a la red, para posteriormente llegar a un acuerdo en torno al precio de compra de esta electricidad fotovoltaica. La conexión a la red y el pago por la energía solar será una experiencia que marcará un precedente a nivel técnico, normativo y económico que contribuirá a futuros emprendimientos de conexión a la red que se basen en el esquema de balance neto.

Proyectos de más de 50 MW integrados a la red
De concretarse lo actuales proyectos en curso, durante los años 2017 y 2018 se producirá un salto en la generación de energía fotovoltaica en Bolivia. De la fase de los pequeños proyectos piloto y los sistemas aislados, se pasará a una fase de producción de más de 110 MW.

Los proyectos de energía solar fotovoltaica de mayor envergadura hasta la fecha y que más avances presentan son el proyecto Uyuni, de 60 MW de potencia, y el proyecto Oruro Fase I, de 50 MW de potencia.

Según la Revista de Energía para todos, del Viceministerio de Electricidad y Energías Alternativas, el proyecto Uyuni de 60 MW empezará a operar el año 2017 y estará integrado al SIN (Sistema Interconectado Nacional). Este proyecto, de acuerdo a la Ley N° 769 de 17 de diciembre de 2015, del Presupuesto General del Estado para la Gestión Fiscal 2016, será ejecutado por ENDE con financiamiento de un crédito de 654.240.004 bolivianos del Banco Central de Bolivia.

El proyecto Oruro Fase I, de 50 MW, entraría en funcionamiento el año 2018 bajo la supervisión de ENDE Guaracachi, con un costo total de 870 millones de bolivianos. El 19 de julio de 2016, se aprobó la Ley Nº819 por la cual se aprueba el Convenio de Crédito N° CBO 1006 01 F, suscrito entre el Estado Plurinacional de Bolivia y la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD), por un monto de hasta sesenta millones de euros destinados al financiamiento parcial del Proyecto Construcción de la Planta Solar Fotovoltaica Oruro Fase I.

De menor escala, pero también integrado al SIN, sería el proyecto Yunchara Tarija, de 5MW. Este proyecto entrará en operaciones el año 2017 y demandará una inversión de 12 millones de dólares.

Estos tres proyectos fotovoltaicos que estarían en funcionamiento el 2017 y 2018 representarán una ampliación de 115 MW de potencia al Sistema Interconectado Nacional. Esto representa un importante avance, considerando que para junio del 2016 la potencia instalada en el SIN era de 1800 MW.

A estos tres proyectos que estarían en fase de contratación y ejecución hay que añadir el proyecto Oruro Fase II, de 50 MW, que está en estudio y que, de concretarse, entraría en funcionamiento el año 2019 con una inversión de 125 millones de dólares. Con la inclusión de este cuarto proyecto se tendría hasta fines de la presente década 165 MW de potencia instalada en energía solar fotovoltaica interconectada a la red nacional de electricidad con una inversión total de 2.463 millones de bolivianos (354 millones de dólares). Esto significa que en promedio la inversión sería de 2,2 millones USD por MW.

Fuente

jueves, 1 de octubre de 2009

El Cambio Climático en Bolivia


Habrá más lluvias y "desastres naturales" en Bolivia como consecuencia del cambio climático. Disminuirá la cantidad de alimentos y agua disponible. Surgirán nuevas enfermedades, reaparecerán las que estaban controladas y otras se extenderán hasta zonas donde nunca antes hubo. Muchos tipos de bosque cambiarán drásticamente, algunos desaparecerán completamente, otros se reducirán y aún habrá bosques que se extenderán mucho más de lo actual.
En el país existe el gubernamental Programa Nacional de Cambio Climático. Durante 15 años trabajó sin cambios en su personal y pasó casi desapercibido por la opinión pública. Pero hay bastantes e interesantes avances que proveen una muy buena base teórica y práctica. Los proyectos ya ejecutados se cuentan por decenas y algunos son ejemplos mundiales. Además hay toda una rica gama de experiencias de alianzas para afrontar el cambio climático. También una serie de percepciones sorprendentes.
  • Más lluvias y “desastres naturales”
Probablemente las lluvias casi se dupliquen en Bolivia, creciendo hasta un 80%, debido al cambio climático según el MAGICC/SCENGEN, un modelo computarizado que simula el comportamiento de la atmósfera. En el informe “Promoción de la Adaptación Social para el Cambio Climático a través del Conocimiento, la Experimentación y el Aprendizaje en Red en Bolivia” se reportan casos de “eventos climáticos extremos”, que la población llama “desastres naturales”.
Uno de ellos fue la sequía en tierras bajas e inundaciones en zonas montañosas en 1982 y 1983, que afectó a un millón y medio personas, más del 10% de la población del país. En 1988 hubo inundaciones que incomunicaron líneas férreas en grandes regiones.
“El Niño” del 2000 provocó sequías e inundaciones que afectaron a 26.000 familias; el 2001 una tormenta de granizo durante 50 minutos dejó 70 personas muertas y 100 heridas en Viacha y La Paz; en 2004 una nevada de doce horas continuas dañó severamente la ganadería e infraestructura turística del sur de Potosí.
Sólo el evento 1982 y 1983, provocado por “El Niño”, causó pérdidas por más de 1.300 millones de dólares americanos, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Oficina de Coordinación de las Naciones Unidas para el Socorro en Caso de desastres (Undro) y la Comisión Económica para América Latina (Cepal).
La agricultura perdió casi 1.175 millones de dólares con ese evento. El transporte tuvo pérdidas por más de 160 millones en infraestructura caminera; los sectores sociales perdieron casi 40 millones de dólares en viviendas y enseres, lo que provocó migraciones masivas a las ciudades más desarrolladas del país (La Paz, Cochabamba y Santa Cruz).
Las pérdidas por desastres en Bolivia entre 1970 y 1991 alcanzaron el 21% del Producto Interno Bruto, según datos del Banco Interamericano de Desarrollo. Pero podría crecer drásticamente porque “los eventos climáticos extremos serán cada vez más intensos y también cada vez más frecuentes”, afirma el IPCC, siglas en inglés del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, compuesto por 2.000 científicos de 100 diferentes países, que ganaron el Premio Nobel de la Paz 2007.
Sólo 3 de cada 20 municipios en Bolivia se hallan en grado bajo de vulnerabilidad a eventos adversos o “desastres naturales” (14%). Ocho de cada 20 están en rango medio (41%) y 6 de cada 20 están en un grado alto de vulnerabilidad (31,2%). Lo más grave son otros 3 municipios de cada 20 (13,8%), que son vulnerables en un grado muy alto, revela el “Atlas de Amenazas, Vulnerabilidades y Riesgos de Bolivia”, elaborado por OXFAM de Gran Bretaña y la Fundación para el Desarrollo Participativo Comunitario - Fundepco de Bolivia.
  • Faltarán alimentos
Las estimaciones mundiales indican que la agricultura se reducirá un promedio del 7% si no se preparan respuestas adecuadas a los impactos del Cambio Climático.
Pero dependiendo de la vulnerabilidad de cada lugar, las pérdidas reales podrían ser mayores. En algunos estudios se anticipa incluso pérdidas totales si no se ayuda al sector a adaptarse a los efectos del cambio climático, indica el Programa Nacional de Cambio Climático - PNCC, la repartición gubernamental responsable del tema.
Sólo el evento de “El Niño” de 1982 y 1983 afectó a 380.000 Km2, casi dos quintas partes del país. Pero el daño fue desigual, pues las tierras altas fueron afectadas en un 90%, los valles en un 70% y las tierras bajas en un 10%.
Los reportes de los comités de emergencia mencionan casos extremos de agricultores que tuvieron pérdidas totales de cosecha y hasta de cuatro quintas partes. Al año siguiente la superficie cultivada de nueve productos disminuyó casi la mitad, pasando de casi 18.000 hectáreas a un poco más de 10.000 en los cultivos de avena, cebada, haba, quinua, camote, oca, papa, cebolla y maíz.
La ganadería tuvo pérdidas por falta de agua, incremento de infertilidad y pérdida de peso por falta de alimento. Se perdió casi un tercio de las ovejas, unos tres millones y medio de animales. También en los camélidos hubo pérdidas de casi un tercio, representado por casi 645.000 llamas y 110.500 alpacas.
Se perdió un tercio las ovejas y camélidos del país por “El Niño” durante 1982 y 1983.
Al margen de lo que vendrá por el cambio climático, hay que considerar que actualmente el área agrícola sufre acelerados procesos de degradación que ya están produciendo una brecha alimentaria del orden de 450 kilocalorías, según el Sistema Nacional de Información en Seguridad Alimentaria y Alerta Temprana.
Además, el PNCC considera que podrían aumentar las plagas agrícolas, provocando altos daños económicos, producidos por organismos patógenos que lograrían adaptarse a las nuevas condiciones climáticas. También se puede esperar la reducción de cabezas de ganado por inundaciones o por falta de agua y de alimento durante la estación seca, porque las lluvias se concentrarán en pocos meses del año.
  • Crecerá la aridez y “migrarán” los sistemas agrícolas
La aridez podría casi duplicarse, especialmente en las zonas montañosas del sudoeste del país y también en el chaco del sudeste, si la temperatura subiera 1,5º centígrados, disminuyeran las lluvias un 15% en los valles y el altiplano, y subieran un 15% en los llanos. La estimación corresponde al análisis del Índice de Aridez, realizado por el PNCC siguiendo la metodología propuesta por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
Al subir la temperatura y cambiar las lluvias, las áreas agrícolas dejarían de ser aptas para los cultivos que producen, pero podrían albergar otros nuevos, originándose una especie de desplazamiento o “migración” de sistemas agrícolas, indica el Tercer Reporte de Evaluación del IPCC.
Ese informe también señala que las zonas medias y altas podrían aumentar su productividad, según los cultivos, temperaturas y el tiempo en que llueva en cada localidad. En cambio, en los trópicos es muy probable que baje el rendimiento y que la producción resulte muy afectada porque predomina la agricultura al secano, algunos cultivos están en el máximo de tolerancia a temperaturas altas, y por los eventos climáticos extremos, como las inundaciones que inhabilitan grandes áreas de cultivo.
“El Niño”, por ejemplo, provoca lluvias y temperaturas superiores a lo normal en la Amazonia, produciendo grandes inundaciones en ciudades como Trinidad y Cobija.
Contrariamente, en la región chaco del sudeste y en los Andes del sudoeste, “El Niño” origina lluvias menores a lo normal que coinciden con sequías moderadas, causando significativas pérdidas en la producción agropecuaria, según la Cepal.
Habrá casos en los que el cambio climático podría favorecer algunos cultivos como la papa, por ejemplo. En modelos de simulación computarizada de cambio climático, la papa aumentaría su rendimiento entre el 30 y el 60%, si se le aporta riego adicional de entre 50 a 180 milímetros, durante la fase de formación del tubérculo, según el investigador agrónomo Torrico.
La soya también podría incrementar su rendimiento, si en los cultivos hubiera lluvias o riego adicional de más del 20% del actual.
Esto compensaría el aumento de la temperatura y el carbono acumulado en la atmósfera fertilizaría la soya, informa el PNCC.
Se puede esperar una reducción notable de la producción de frutas, porque la mayoría requiere cierta cantidad continua de horas de frío, que no se completarían por el aumento de la temperatura.
Los estudios del PNCC sobre las frutas señalan que las más afectadas por la falta de horas/frío continuas serán la manzana, la pera y el durazno. También indican que se propagarán enfermedades de hongos por el aumento de temperatura.
Además del desabastecimiento de alimentos, los daños a la agricultura tendrán gran repercusión social, porque más de la mitad de la población económicamente activa del país trabaja en este rubro, tanto para el abastecimiento del mercado interno como para la exportación.
  • Problemas de salud por el Cambio Climático
Habrá efectos directos, como heridos y fallecidos por derrumbes, sequías, inundaciones, deslaves, heladas y otros fenómenos climáticos extremos. Estos también ocasionan epidemias, malnutrición y deshidratación, por las dificultades en la disponibilidad de agua y alimentos, cuando ocurren.
Los efectos indirectos serán el aumento de enfermedades transmitidas por vectores, como los insectos o las ratas, el surgimiento de enfermedades desaparecidas o controladas, y el desarrollo de nuevas enfermedades. Más lluvias e inundaciones aumentan los casos de cólera, dengue, diarreas, fiebre amarilla, fiebre tifoidea, hepatitis, malaria y enfermedades parasitarias intestinales como la elefantiasis o filariasis linfática, y la fasciola hepática, una infección parasitaria de animales herbívoros que se adquiere al comer vegetales.
Las poblaciones asentadas en las fronteras actuales de zonas endémicas de malaria, dengue, fiebre amarilla y otras presentarán mayor número de casos, e incluso de muertes, si no reciben atención primaria eficaz.
La malaria se manifiesta entre noviembre y marzo, coincidiendo con el periodo de lluvias abundantes, altas temperaturas y gran humedad. Ha reaparecido en extensas zonas en las que ya no había y se han presentado brotes en áreas que por su clima y altitud no permitían su desarrollo. Es el caso de brote de malaria no importada, presentada en 1998 en la comunidad Tuntutnami, situada casi a 3.000 metros sobre el nivel del mar, reportado por el Consejo de Salud Rural Andino, en la zona de Carabuco, departamento de la Paz.
También se reportó malaria resistente a los medicamentos habituales, lo que llevaría a utilizar medicamentos más complejos, encareciendo los costos. En diez años se triplicaron los casos de malaria desde 1987, cuando se presentaron menos de 25 mil, hasta 1996 cuando se llegó casi a 65 mil casos. Los Índices Parasitarios Anuales municipales demuestran que las zonas más vulnerables a la malaria son las tierras bajas del país y se pronostica que ésta se incremente aún más por el cambio climático.
El Índice de Bultó, que explica los impactos climáticos en las enfermedades, muestra que la malaria está muy ligada al comportamiento del clima en los 90 días anteriores a su aparición. Por esa razón, el clima puede utilizarse como sistema de alerta temprana, ya que provee señales confiables para la presentación de nuevos casos, brotes e incluso epidemias. Esto podría ayudar al sistema salud a prevenir daños y minimizar costos.
Las diarreas aumentarán y ya son la 2ª causa de mortalidad infantil. La leishmaniasis incide más en meses secos, entre junio y septiembre, coincidiendo con altas temperaturas por menor nubosidad, lo que favorece la proliferación del transmisor y la incubación en los seres humanos, según el estudio “Vulneración y Adaptación de la Salud Humana ante los Efectos del Cambio Climático en Bolivia”.
El aumento de la temperatura incrementará los casos de leishmaniasis, acentuándose en agosto, mes que registraría los mayores efectos, de acuerdo a las proyecciones del estudio. Al igual que la Malaria, la Leishmaniasis variaría su estacionalidad y tendencia, por efecto del cambio climático.
Las epidemias de dengue se presentan entre enero y mayo, cuando las lluvias favorecen la proliferación los mosquitos del género Aedes, que la transmite. Se presenta en brotes aislados relacionados con la estación lluviosa, humedad relativa y temperaturas elevadas que experimentan las zonas bajas y cálidas del país entre noviembre y abril. Se encontró una correlación entre los brotes y fenómenos climáticos, especialmente con la intensidad de “El Niño”.
Las Encuestas Nacionales de Demografía y Salud muestran elevadas cifras de enfermedad y mortalidad en la niñez boliviana por Enfermedades Diarreicas Agudas (EDAs) e Infecciones Respiratorias Agudas (IRAs). Con el cambio climático se intensificarán las temperaturas extremas y la incidencia de IRAs sería mucho mayor.
Las EDAs bacterianas predominarán en municipios de zonas bajas durante las épocas lluviosas, cálidas y de transición. En cambio, las EDAs virales predominarán en los meses fríos o de transición invierno, en municipios más altos con clima influido por la Cordillera de los Andes.
En general, la magnitud de las epidemias vinculadas con el cambio climático es incalculable.
  • Disminuirá el agua
La cantidad de agua en Bolivia al año supera los dos mil kilómetros cúbicos, según datos del Comité para la Gestión Integral del Agua. Esto corresponde aproximadamente a 50.000 metros cúbicos anuales por habitante, considerado “un elevado suministro de agua dulce”, por los expertos que realizaron el análisis económico para el Gobierno y la Unesco.
Sin embargo, los mismos especialistas indican que se trata de una disponibilidad aparente, que está distorsionada por varias razones. La primera de ellas es que no es igual en toda la nación. La segunda es por lluvias concentradas en una corta estación en relación a una larga época seca. La tercera está relacionada con la falta de tratamiento para consumo humano, la ineficiencia y mal uso en el consumo humano y riego.
La situación de Bolivia y su tipo de territorio somete periódicamente al país a sequías e inundaciones de magnitud. Existen áreas con precipitación por encima de los 3.000 milímetros por año a corta distancia de otras con menos de 300 milímetros, en latitudes similares.
En realidad, la disponibilidad de agua es restringida en la cuenca del Plata y del Altiplano. En menor magnitud, también hay disponibilidad restringida en la cuenca amazónica, porque el 90% de las lluvias se concentran entre octubre y marzo.
Adicionalmente, los sistemas de riego presentan ineficiencias de aplicación entre el 30% y 50%, mientras que las fugas en sistemas de distribución de agua urbana alcanza el 50%.
Si por efecto del cambio climático las lluvias aumentan o disminuyen hasta en 15% y la temperatura aumenta sólo un grado y medio, considerando el incremento de la población y el consumo de agua, para el año 2050 el PNCC pronostica un déficit anual de más de 650 millones de metros cúbicos de agua en la cuenca del Amazonas, más de 680 en la del Plata y más de 690 en la del Altiplano.
Además del consumo humano y agropecuario, el déficit de agua podría generar una crisis de energía eléctrica considerable, especialmente en grandes ciudades durante la época sin lluvias, porque cinco de las ocho empresas generadoras del país son hidroeléctricas. Muchas familias caminan diariamente para conseguir agua.
  • Los bosques cambiarán drásticamente
El PNCC evaluó la magnitud de los cambios en los ecosistemas para los años 2010, 2030, 2050 y 2100, en base a estudios previos aplicando modelos computarizados de simulación. Utilizó escenarios climáticos desarrollados por el IPCC y alimentó los modelos con datos registrados durante 30 años, por 44 estaciones meteorológicas del país. Los resultados indican que el bosque húmedo templado desaparecerá completamente en Bolivia hasta el año 2050. Actualmente, tiene 14.000 kilómetros cuadrados y está ubicado en la vertiente oriental de los Andes. Su temperatura promedio está entre 14 y 16 grados centígrados, y sus lluvias llegan de 700 a 1.000 milímetros al año. La estepa espinosa templada fría se reducirá en casi el 95%. Actualmente ocupa un poco más del 2% del territorio nacional, con más de 25 mil kilómetros cuadrados. Se caracteriza por temperaturas entre 6 a 10 grados centígrados y lluvias de 200 a 300 milímetros al año.
El bosque húmedo subtropical desaparecerá en casi el 80%. Ocupa actualmente cerca del 30% del territorio nacional, en casi 320 mil kilómetros cuadrados. Está situado en el norte y el este del país, en los departamentos de La Paz, Pando, Beni y Santa Cruz. Presenta temperatura media superior a los 22 grados centígrados y lluvias de 1.500 milímetros al año.
También desaparecerá la mitad el bosque húmedo templado frío, con más de tres mil kilómetros cuadrados actuales, ubicado en el noreste del lago Titicaca. El bosque seco templado tendrá una reducción del 40%, mientras que los bosques: seco subtropical, pluvial subtropical, y muy húmedo tropical, perderán aproximadamente un tercio de su actual superficie cada uno.
Habrá tipos de bosque que se mantendrán pero otros que aumentarán su extensión, como el húmedo tropical, que llegaría a duplicar su extensión. Ese bosque forma una delgada franja de que va del centro del país hacia el noroeste, corriendo paralelo al pie de la cordillera de los Andes. Ahora ocupa 18 mil kilómetros cuadrados, tiene 25 grados centígrados de temperatura promedio, y lluvias de 1.900 milímetros al año.
La extensión del bosque húmedo tropical sería posible porque, debido al cambio climático, muchas corrientes de aire cargado de humedad ya no podrán subir los Andes. La consecuencia sería el incremento de lluvias al pie de la cordillera, lo que aumentaría drásticamente la extensión de ese tipo de bosque.
También experimentarán fuerte crecimiento los bosques tropicales secos y muy secos, localizados en el sur y sureste del país. Pero al contrario de los bosques húmedos, su crecimiento muy posiblemente será por la disminución de lluvias. En otras palabras, bosques que hoy son húmedos, se transformarán en bosques secos.
Para tener idea de lo que se perderá o transformará, basta recordar que Conservación Internacional (CI) define a Bolivia como “punto caliente” o hotspot.
Una parte de su territorio está ubicado entre el extremo este de los Andes y se extiende hasta bordear la Amazonia. Esa porción es el 0,2% de la superficie del mundo y alberga sólo el 3,5% de los bosques originales del planeta que quedan en pie. Pero contiene entre el 30% y 40% de la diversidad biológica mundial y más de tres cuartas partes de las especies vegetales del planeta.
  • El Programa Nacional de Cambio Climático
El PNNC mantuvo su personal durante quince años, desde 1995 hasta 2009, algo inusual en la política boliviana, en la que los funcionarios del Estado son despedidos con la llegada de cada nuevo Gobierno. Durante ese tiempo “vimos pasar siete presidentes, doce ministros y otros tantos viceministros… Algunos duraban sólo dos o tres meses”, dice Óscar Paz Rada, el Coordinador del Programa, a quien el actual Gobierno no renovó su contrato, al igual que al resto del personal.
Esa desacostumbra continuidad de gestión permitió que el PNCC recoja mucha información, genere nueva, e implemente proyectos. Bolivia tiene un Inventario Nacional de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero, que las cuantifica en su totalidad, por sectores, y las compara con el resto del mundo. Así, por ejemplo, en el año 2000, mientras la emisión promedio por persona en el mundo era de 2,43 toneladas de dióxido de carbono por consumo de energía, en el país era casi tres veces menos (0,84 toneladas).
Sin embargo, cambia el panorama cuando se analiza las emisiones bolivianas por sectores. La mayor fuente de emisiones es el cambio en el uso de la tierra y silvicultura, comúnmente conocido como deforestación, con el 65,21%. Le sigue la agricultura con el 17,68% y luego el sector energético con el 15,66%. El sector residuos emite sólo el 0,81% y los procesos industriales apenas el 0,64%.
Con el Inventario de Emisiones, estudios de impactos y vulnerabilidad en diferentes regiones del país, y otros complementarios se elaboró el Plan Nacional de Acción para el Cambio Climático.
Posteriormente se produjo la Estrategia Nacional de Implementación y el Mecanismo Nacional de Adaptación al Cambio Climático. Además, el PNCC produjo las “Comunicaciones Nacionales”, una especie de reportes o informes que cada país debe presentar a las Naciones Unidas (ONU), describiendo los avances y la situación actual.
  • Otros proyectos
Los registros oficiales mencionados incluyen otros 25 proyectos. Varios están orientados a reducir los efectos del cambio climático en la producción rural y la seguridad alimentaria, con distintos énfasis: recuperación de especies nativas, pruebas con diferentes épocas de siembra y variedades de cultivos, manejo local de los recursos naturales…
En el campo forestal, hay un grupo de proyectos de reforestación en áreas degradadas, y se cuantificó el dióxido de carbono capturado por concesiones forestales amazónicas, en las que se realiza aprovechamiento forestal sostenible.
Igualmente se elaboró un mapa de áreas con potencial para arborización dentro del Mecanismo para el Desarrollo Limpio -MDL de la ONU. Con este mecanismo, países industrializados mitigan gases de efecto invernadero en naciones menos industrializadas. A cambio reciben “créditos” que pueden descontar de sus emisiones, mientras que los países anfitriones reciben tecnología avanzada gratuita.
Para ambos resulta más barato, con mayores beneficios, y con menos emisiones a la atmósfera. Otro grupo de proyectos están relacionados con el agua: se ocupan de mitigar efectos de sequías, microadaptación a aguas de lluvia y micro-climas, o la utilización del balance hidrológico como alerta temprana del cambio climático. El agua también vincula el campo con las ciudades, por lo que un proyecto estudia el deshielo de glaciares y el desabastecimiento de agua para agricultura y consumo humano, tanto en el campo como en las ciudades.
Tecnológicamente, existen proyectos de construcción de micro-centrales hidroeléctricas, cambio de matriz energética más limpia para la electrificación de una zona rural, y adecuación tecnológica para la obtención de biodiesel.
En otro orden, existen proyectos de desarrollo de capacidades en algunos municipios para enfrentar el cambio climático en su jurisdicción. También se estudió la relación del cambio climático con desastres naturales y con la polución, en una ciudad capital de departamento (equivalente a Provincia o Estado en otros países).
  • Uno de los primeros proyectos y el más reciente
Hace casi quince años atrás (1995) empezó la ejecución del Proyecto de Acción Climática Noel Kempff, el primero del mundo en su tipo que recibió certificación internacional de reducción de emisiones.
El proyecto evitó la deforestación de más de 800 mil hectáreas de bosque tropical alrededor del Parque Noel Kempff Mercado. Esto impidió la emisión a la atmósfera de casi un millón de toneladas de dióxido de carbono (989.622, exactamente). Este tipo de proyectos es relevante para países como Bolivia, con alto grado de emisiones por deforestación y degradación de bosques.
Hace poco empezó el Programa Indígena de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de Bosques en la Amazonia Boliviana (REDD - Amazonía).
Es el primero en el mundo con participación indígena y uno de los más grandes del planeta. Se realiza en 11 millones de hectáreas, que corresponden a 10 diferentes territorios indígenas continuos. El área está ubicada en tres departamentos y ocho municipios, tiene 1.360.000 habitantes y 5,5 millones de hectáreas de bosque.
El programa reducirá la deforestación actual de la zona que es 15 a 20 mil hectáreas por año, a un poco más de 7 mil. Lo hará a través del aprovechamiento sostenible y desarrollo de mercados para productos del bosque, como el cacao silvestre y la castaña. También con el patrullaje, control y fiscalización indígena de sus propios territorios.
En el aprovechamiento de productos del bosque, el programa capacitará indígenas en técnicas para la producción sostenible, administración, contabilidad y comercialización. Para el control, se desarrollará legislación y se procesará infractores por deforestación y extracción ilegal de madera ingresos económicos complementarios para los indígenas con pagos directos, premiando el buen manejo de sus recursos forestales, además de eliminar impedimentos legales e incentivos perversos a la deforestación.
El programa también dispone de un componente tecnológico muy fuerte, con vigilancia satelital integrada a bases de datos, en sistemas computarizados de alta capacidad. Esto permitirá vigilar a distancia la deforestación en tiempo casi real, y medir las emisiones actuales con estándares internacionalmente aceptados. Igualmente posibilitará verificar y certificar la reducción de emisiones posteriores.
  • Alianzas
Los dos proyectos anteriores son una buena muestra de las alianzas que se tejen para afrontar el Cambio Climático. El programa REDD-Amazonía está ejecutado por el Gobierno Nacional, una organización indígena, y una organización no gubernamental.
Participan dos reparticiones del Gobierno Nacional: la que se encarga del Cambio Climático y la responsable de Bosques. Los indígenas están representados por la Central Indígena del Oriente Boliviano - CIDOB, que agrupa todas las organizaciones de su tipo en las tierras bajas del país, que son un poco más de la mitad del territorio nacional. La organización no gubernamental, es la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).
Por otra parte, en el Proyecto de Acción Climática Noel Kempff participaron el Gobierno de Bolivia, tres compañías energéticas norteamericanas, y dos organizaciones no gubernamentales, una nacional y otra extranjera.
Hay proyectos en los que el PNCC, representando al gobierno nacional, se alía directamente con municipios, cooperativas, universidades, centros de investigación, o consultoras. En todos hay fondos compartidos, y generalmente el PNCC aporta entre el 50% y el 80%, aunque hay casos excepcionales, tanto mayores como menores.
En el ámbito nacional y municipal, de alguna manera, se encuentra actividades y capacidades desarrolladas, lo que no sucede con los gobiernos intermedios. El
Programa Piloto de Cambio Climático del Gobierno Departamental de Santa Cruz, en alianza con FAN, responde a cubrir esa necesidad. El gobierno departamental obtiene experiencia, personal calificado y financiamiento extras al aliarse con la ONG.
Esta, en cambio, gana un nuevo espacio de acción e influencia.
  • Percepciones
Con todas las personas entrevistadas surgió algún espacio de intercambio informal y hasta subjetivo, luego de la recolección formal de información. En todas se encontró la percepción de que algo está mal y hasta muy mal. Las expresiones recogidas en comunidades indígenas son muy gráficas: “La Tierra está enferma”, “hay que calmar la fiebre de la Tierra”, “El Sol está más cerca”, “La naturaleza se está vengando”…
Esta percepción está asociada casi automáticamente a otra: la necesidad imperiosa de un cambio, reconocida ampliamente. Los más neutros hablan de la necesidad urgente de cambiar los “los hábitos actuales de producción y consumo”, pero algunos van más allá.
Hablan de una especie de “cambio de civilización”, que sugiere nuevos conocimientos, actitudes y prácticas, no sólo de las personas sino también de las instituciones. Dejan entrever que habrá hasta un cambio en la economía y la política. Que todo será transformado, que habrá nuevos ideales, que nuevas formas de concebir y vivir la vida serán desarrolladas, individual y mundialmente.
Todo lo anterior se habla con cierto recelo, por el peligro de parecer “poco serio”, o para no caer en el descrédito de “pretensiones proféticas”. Pero donde se invade “terreno prohibido” es cuando se llega a mitos o profecías indígenas. En algún caso un indígena me dijo muy diplomáticamente: “eso es interno”, sugiriendo que es sólo para su gente. Otros admiten escuetamente la existencia de esas profecías indígenas, pero sin dar mayores detalles, como Jaime Gonzales Humpire, técnico indígena de la Mesa de Cambio Climático de la Cidob.
El reconoce que “las tradiciones indígenas es un tema pendiente, aunque no hay que sobredimensionarlas”. Para Gonzales lo importante es más bien “solucionar los problemas indígenas con mayor capacidad de gestión de los recursos naturales, en el contexto del cambio climático”. Esas profecías hablan de una especie de “fin del mundo” para el nacimiento de uno nuevo y mejor, pero con el colapso dramático del actual. Incluso hay hasta una fecha probable que flota alrededor de conversaciones de este tipo. Es el año 2012, famoso internacionalmente por ser el “fin del mundo” en el calendario Maya. Pero también se lo menciona en los Andes, al igual que en la India.
  • ¿Hacia un nuevo mundo?
Mito o realidad, lo cierto es que esas percepciones existen, reflejando el reconocimiento de una amenaza, el temor a lo desconocido, y la esperanza de un mejor futuro. Lo cierto también es que el desafío del cambio climático es mayor a todas las capacidades existentes y que no hay institución alguna capaz de hacerle frente o de liderar incuestionablemente al resto.
Por lo tanto, deberemos aprender a colaborar, compartir, cooperar, a sumar conocimientos y esfuerzos. Debemos re-inventar nuestras vidas y nuestras instituciones, al igual que lo hizo la NASA, cuando debió trascender la organización tradicional administrativa, para responder al desafío de llegar a la luna. La humanidad parece enfrentar el mayor de todos sus desafíos. Pero ya sucedió antes. Sólo basta recordar lo terrible que parecían las cosas después de la Segunda Guerra Mundial, o de la Gran Depresión de los años 30, o las pestes bubónicas de Europa en la Edad Media.
Sin embargo, la humanidad siempre logró encontrar una salida, después de cada caso. Hago este comentario muy personal, sólo para dar paso a una última percepción: la esperanza y su gran opuesto, la desesperanza.
Para unos, todo está perdido; para otros, el cambio climático es sólo el necesario principio doloroso de un mejor mundo. Y aunque por cada esperanzado encontré dos desesperanzados, me di cuenta que la esperanza, la convicción o la fe, también influirán en nuestra capacidad de respuesta al cambio climático.
Si creemos que habrá una solución, quizás nos ponemos en mejores condiciones para encontrarla y, con toda seguridad, nos dará energía adicional para mantener un gran esfuerzo creativo o de actividad. Por ahora he descubierto tres caminos: adecuar mi mentalidad a la nueva realidad, modificar mis hábitos de consumo hacia lo necesario y saludable, y exigir a los políticos respuestas efectivas al cambio climático. Cada uno debe descubrir y transitar sus propios caminos. ¿Qué caminos transitará usted?

*Este reportaje ha sido ganador de las Becas AVINA - Investigación Periodística para el Desarrollo Sostenible. Por su extensión, fue resumido.

Fuente: Revista Oh!


Un poco extenso, pero completo y realista informe sobre todo lo que podria suceder en nuestro pais. Pero como yo digo, DEPENDE DE LAS ACCIONES QUE TOMEMOS "AQUI Y AHORA" PARA QUE ESTOS EFECTOS SE NOTEN EN MAYOR O MENOR PROPORCIÓN como explica este texto. Es hora de tomar conciencia de que nuestro medio ambiente es lo mas importante.
Por otro lado, desconocia la existencia del Programa Nacional de Cambio Climático (PNCC), esperemos que a partir de ahora se note mas el trabajo que se realiza en esta institución para disminuir lo mas posible los efectos ya descritos claramente del cambio climatico. Intente acceder a su pagina de internet pero lamentablemente no esta disponible.
Y por último recordarles que otra forma efectiva de reducir la emisiones de gases que provocan el efecto invernadero es la implementación de fuentes de ENERGÍAS RENOVABLES